Hay quien sueña, María, con que al cruzar el último puente,
lo reciba un padre, una madre, una hija, o un hijo.
Hay quien anhela ver primero a un amigo del alma,
o a esos abuelos que le enseñaron a creer.
Yo, María, no pido eso. Yo no busco caras conocidas,
ni voces familiares, ni los nombres de los míos.
Yo te pido, María, esta única cosa, esta única gracia:
cuando muera… que seas Tú… la que esté allí esperando.
Porque he gastado mi vida llamándote «Madre»,
he rezado Tu Ave María mil veces sin saber si me oías.
Pero cuando llegue mi hora, María, déjame ver Tu rostro,
déjame entrar al cielo… abrazado a Ti…
Que seas Tú, María, la que me reciba,
cuando termine mi camino, cuando se apague mi vida.
Que sea Tu mirada el primer alba en la otra orilla,
y Tu manto azul… el primer hogar del alma mía.
Te he buscado en cada lágrima, en cada amanecer cansado,
te he llamado en silencio cuando nadie me escuchaba.
He rezado el rosario por mis hijos mientras dormían,
y a Ti, María, te he pedido fuerzas para no caer.
Sé que no soy digno, sé que mil veces he fallado,
pero también sé que Tú no abandonas a quien Te llama.
Por eso, María, en mi hora última, en la hora final,
no quiero más nadie en la orilla… que Tú.
Que seas Tú, María, la que me reciba,
cuando termine mi camino, cuando se apague mi vida.
Que sea Tu mirada el primer alba en la otra orilla,
y Tu mano en mi mano… al final de mi vida.
Y cuando cierre los ojos por última vez en este mundo,
y los oídos dejen de oír las voces que conocí…
quiero abrir los ojos y verTe a Ti, María,
con esa mirada Tuya, llena de la ternura del cielo.
Que sea Tu mano la que tome mi mano temblorosa,
que sea Tu voz la que diga: «Ven, hijo… te llevo a casa».
Que seas Tú, María, la que me reciba,
cuando termine mi camino, cuando se apague mi vida.
Que sea Tu mirada el primer alba en la otra orilla,
y Tu rostro será… mi primer cielo en aquel día.
¡Que seas Tú…! (que seas Tú…)
¡Mi María…! (mi María…)
¡La que me reciba…! (la que me reciba…)
…en aquella orilla… abrazado a Ti.
Y sé, María, que estarás allí, porque toda mi vida
he rezado por esa hora, he pedido por ese momento.
Y Tú nunca abandonas a quien Te llama, mi Madre,
Tú estarás allí… esperándome… como esperaste a Tu Hijo.
…hasta que llegue mi última noche, María,
seguiré pidiéndotelo igual…
que seas Tú… quien me reciba.
作詞・歌・プロデュース
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印刷するための一枚。生成り色の紙に歌詞の全文、この曲のために書き下ろした献辞とラリー・ハンスの署名を添えて。祈るために、贈るために、手元に置くために——もう一つの画面で読むためではありません。
シートをダウンロード最後の曲は素朴な願いです。死ぬとき、父や母、子ども、あるいは魂の友に迎えられることを夢みる人がいます。歌う人はそれを願いません。待っていてくれるのが彼女であることを願います。サビは三段階で近づきます——まず彼女の青い衣、次に自分の手にある彼女の手、そして最後にその顔を、彼は「わたしの最初の天」と呼びます。こうして、アルバムを開いた像が戻ってきます。第1曲では彼女がこの家へ降りてきました。最後の曲では、彼のほうが彼女の家へ行かせてくださいと願うのです。
あなたの名前も、どこに住んでいるかも知りません。それでも地図は、あなたがここにいたと告げています。家で、車のなかで、あるいはイヤホンで、どの時間であれこの音楽をかけてくださってありがとう——下に並ぶ旗のひとつひとつが、挨拶に立ち寄ってくれた誰かです。