Tema 10 de 10
Larry Hans
La súplica final: que sea Ella quien lo reciba.
Hay quien sueña, María, con que al cruzar el último puente,
lo reciba un padre, una madre, una hija, o un hijo.
Hay quien anhela ver primero a un amigo del alma,
o a esos abuelos que le enseñaron a creer.
Yo, María, no pido eso. Yo no busco caras conocidas,
ni voces familiares, ni los nombres de los míos.
Yo te pido, María, esta única cosa, esta única gracia:
cuando muera… que seas Tú… la que esté allí esperando.
Porque he gastado mi vida llamándote «Madre»,
he rezado Tu Ave María mil veces sin saber si me oías.
Pero cuando llegue mi hora, María, déjame ver Tu rostro,
déjame entrar al cielo… abrazado a Ti…
Que seas Tú, María, la que me reciba,
cuando termine mi camino, cuando se apague mi vida.
Que sea Tu mirada el primer alba en la otra orilla,
y Tu manto azul… el primer hogar del alma mía.
Te he buscado en cada lágrima, en cada amanecer cansado,
te he llamado en silencio cuando nadie me escuchaba.
He rezado el rosario por mis hijos mientras dormían,
y a Ti, María, te he pedido fuerzas para no caer.
Sé que no soy digno, sé que mil veces he fallado,
pero también sé que Tú no abandonas a quien Te llama.
Por eso, María, en mi hora última, en la hora final,
no quiero más nadie en la orilla… que Tú.
Que seas Tú, María, la que me reciba,
cuando termine mi camino, cuando se apague mi vida.
Que sea Tu mirada el primer alba en la otra orilla,
y Tu mano en mi mano… al final de mi vida.
Y cuando cierre los ojos por última vez en este mundo,
y los oídos dejen de oír las voces que conocí…
quiero abrir los ojos y verTe a Ti, María,
con esa mirada Tuya, llena de la ternura del cielo.
Que sea Tu mano la que tome mi mano temblorosa,
que sea Tu voz la que diga: «Ven, hijo… te llevo a casa».
Que seas Tú, María, la que me reciba,
cuando termine mi camino, cuando se apague mi vida.
Que sea Tu mirada el primer alba en la otra orilla,
y Tu rostro será… mi primer cielo en aquel día.
¡Que seas Tú…! (que seas Tú…)
¡Mi María…! (mi María…)
¡La que me reciba…! (la que me reciba…)
…en aquella orilla… abrazado a Ti.
Y sé, María, que estarás allí, porque toda mi vida
he rezado por esa hora, he pedido por ese momento.
Y Tú nunca abandonas a quien Te llama, mi Madre,
Tú estarás allí… esperándome… como esperaste a Tu Hijo.
…hasta que llegue mi última noche, María,
seguiré pidiéndotelo igual…
que seas Tú… quien me reciba.
Escrita, interpretada y producida por
Llévatela contigo
Una página para imprimir: la letra entera sobre papel color hueso, con una dedicatoria escrita para este tema y la firma de Larry Hans. Para rezarla, regalarla o guardarla — no para leerla en una pantalla más.
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