Titre 2 sur 10
Larry Hans
Joseph descend la côte du village au crépuscule et tombe amoureux.
Iba bajando la cuesta del pueblo, hacia el atardecer,
cargando madera fresca para mi taller.
Y de pronto apareciste, suave como la brisa,
con tu paso silencioso y tu media sonrisa.
No supe qué decirte, no atiné a saludar,
solo me quedé mirándote, sin poderme apartar.
Y esa misma noche, te juro, por mi fe,
ya no pude dormir… porque me enamoré.
Y el viento se detuvo… el mundo entero quedó en silencio,
una luz dorada bajó sobre tu rostro sereno.
Sentí que el cielo entero contenía la respiración,
mirándote a ti…
…y este pobre carpintero…
¡Cuando te vi, se me cayó el martillo,
y al verte caminar se detuvo el sol!
Mi dulce María, mi joven María,
desde ese día… mi alma se rindió.
Después llegó la boda y te llevé a mi hogar,
y la casa nuestra entera se llenó de felicidad.
Te miro amasar el pan, te oigo cantar al Niño,
y bendigo cada día este humilde camino.
Cruzamos juntos los caminos de Belén,
en Egipto fuiste mi refugio… y mi alma también.
Y aunque pasen los años, María, te lo prometí:
te amo hoy mucho más que el día en que te vi.
¡Cuando te vi, se me cayó el martillo,
y al verte caminar se detuvo el sol!
Mi dulce María, mi joven María,
desde ese día… mi alma te eligió.
Cuando duermes y la luna entra suave en la ventana,
me quedo despierto solo por mirarte hasta el alba.
Doy gracias al Padre por la mujer más bella,
y entiendo por qué Dios… eligió tu estrella.
No soy digno, lo sé… mi amada María,
pero te amaré hasta el final de mis días.
¡Cuando te vi, se me cayó el martillo,
y al verte caminar se detuvo el sol!
Mi dulce María, mi joven María,
desde ese día… mi alma se entregó.
¡Cuando te vi…! (¡cuando te vi…!)
¡Me robaste el aliento…! (¡el aliento…!)
¡Mi dulce María…! (¡mi joven María…!)
y hasta el último día… te amaré.
Tu hijo se hizo mi hijo… y lo amé más que a mí.
Jesús le llamamos, Jesús el Mesías,
y en sus ojos siempre te vía… mi amada María.
Yo, simple carpintero, fui guardián del Misterio,
y dormí cada noche… al lado del cielo entero.
...y más allá de la aurora, mi bella María,
seguiré viéndote igual… como cuando te vi...
Écrite, interprétée et produite par
Emportez-la
Une page faite pour être imprimée : les paroles entières sur papier ivoire, avec une dédicace écrite pour ce titre et la signature de Larry Hans. Pour la prier, l'offrir ou la garder — pas pour la lire sur un écran de plus.
Télécharger la feuilleC'est Joseph qui parle. Il descendait la côte du village au crépuscule, chargé de bois frais pour son atelier, quand Elle est apparue « douce comme la brise », d'un pas silencieux et d'un demi-sourire. Il n'a pas su quoi dire et n'a pas réussi à saluer : il est resté à La regarder, incapable de s'écarter. Il raconte que cette nuit-là il n'a plus pu dormir, parce qu'il était tombé amoureux. Le refrain répète la même scène trois fois et n'en change que la fin : son âme s'est rendue, puis elle l'a choisie, et enfin elle s'est donnée. C'est l'histoire d'un homme qui aime en silence et décide de rester.
Je ne connais ni votre nom ni où vous habitez, mais la carte dit que vous êtes passé par ici. Merci d'avoir mis cette musique chez vous, dans votre voiture ou dans vos écouteurs, à l'heure que ce fut — chaque drapeau ci-dessous est quelqu'un venu dire bonjour.