Tema 4 de 10
Larry Hans
La Visitación y el Magníficat — María cruza los cerros de Judea.
María salió de Nazaret apenas el ángel se fue,
caminó por los cerros de Judea con la prisa de la fe.
Llevaba en Su vientre el secreto más grande del cielo,
y Sus pies jóvenes no se cansaban en el camino...
Llegó hasta la casa de Isabel, Su prima ya embarazada,
abrazó a la mujer mayor, llena de Su propia gracia.
Y allí, mi Jesús, en aquel rincón humilde de Judea,
empezó a sonar la canción más grande que el cielo cantara.
Isabel abrió la puerta, mi Jesús, y al ver a María,
sintió que el niño en Su vientre saltaba de alegría.
Y gritó — gritó con voz que el mundo nunca olvidaría…
dos palabras que el cielo entero ya conocía…
¡Madre de Dios! Gritó Isabel con asombro y temor,
¡Madre de Dios! Temblaron las montañas al oír Su clamor.
Llevabas en Tu vientre al Hijo del Creador,
y aunque eras una niña, mi María… eras Madre del Señor.
Pero María, mi Jesús, no se quedó callada,
abrió Sus labios y empezó a cantar con fuego.
«A los poderosos los bajó del trono sin temblar,
a los humildes los puso a brillar más alto que el cielo.
A los hambrientos los colmó del pan que esperaban,
y a los ricos los despidió… con las manos vacías».
Y aquella niña, mi Jesús, inocente nada más,
cantó la canción más revolucionaria que el mundo cantara jamás.
¡Madre de Dios! Gritó Isabel con asombro y temor,
¡Madre de Dios! Temblaron las montañas al oír Su clamor.
Llevabas en Tu vientre al Hijo del Creador,
y aunque eras una niña, mi María… eras Madre del Señor.
Y María se quedó tres meses con Su prima Isabel,
ayudó a parir al niño que llamarían Juan Bautista después.
Dos primas, dos madres, dos misterios bajo el mismo cielo,
mientras lavaban pañales… empezaban a cambiar el mundo entero.
¡Madre de Dios! Gritó Isabel con asombro y temor,
¡Madre de Dios! Temblaron las montañas al oír Su clamor.
Llevabas en Tu vientre al Hijo del Creador,
y aunque eras una niña, mi María… eras Madre del Señor.
¡Madre de Dios! (¡Madre de Dios!)
¡La niña de Nazaret! (¡la niña de Nazaret!)
¡Madre de Dios! (¡Madre de Dios!)
…hoy y siempre… ¡Madre del Señor!
Lo que Isabel gritó aquella tarde en Judea, mi Jesús,
el mundo entero lo supo después, durante siglos.
Que aquella niña humilde era la Madre del Eterno,
que el cielo y la tierra ya tenían un nombre: María.
…desde aquel grito de Isabel hasta mi voz hoy, María,
todo el mundo Te lo dice igual…
Tú eres… la Madre de Dios.
Escrita, interpretada y producida por
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Una página para imprimir: la letra entera sobre papel color hueso, con una dedicatoria escrita para este tema y la firma de Larry Hans. Para rezarla, regalarla o guardarla — no para leerla en una pantalla más.
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